viernes, 2 de abril de 2010
sábado, 13 de febrero de 2010
jueves, 21 de enero de 2010
¿El camino se hace andando? ¡Anda Ya: Subiendo!!

He pasado unos días un poco asustada por culpa de la tensión arterial.
Os cuento. Para acceder a mi facultad desde donde me dejaba el autobús en mi piso digamos de origen, tardo andando unos 35 minutos a pesar de estar bastante lejos, pero con el tiempo he encontrado varios atajos, he evitado en lo posible semáforos y sobre todo he omitido las dichosas cuestas.
Ésta es una ciudad laberíntica y a dos niveles, como los tejados a dos aguas, es un tiovivo de cuestas y desniveles a granel y hay que franquearlos como buenamente se pueda.
En mi piso, digamos de postín, o sea el nuevo, hay menos distancia objetiva, pero ay, todo es cuesta arriba, sin tregua, sin desdén, y sin posibles omisiones.
Hace unos días hacía bastante calor, subía y subía y no veía el fin de la escarpada colina que llega hasta la facultad. Es un sitio muy bonito el Campus, es como un bosque con abetos, ardillas, minúsculas flores silvestres parecidas a las frutas del bosque y otras especies amarillas.
Desde allí, Granada se despliega a sus pies, como rindiendo tributo a todo el conocimiento que alberga desde los tiempos de Carlos V, las murallas de la ciudad nazarí.
Se respira mejor, las endorfinas enloquecen por segregar más felicidad, y a una inquieta como yo le sube una alegría efímera y momentánea que descansará para acudir de nuevo al día siguiente.
Como iba diciendo, la cuesta de Cartuja se me hacía interminable, empecé a sudar hasta llegar a chorrear y empaparme de no sé bien si adrenalina o expulsión de toxinas. Al bajar, me sentía mareada y con un leve dolor de cabeza. Decidí entrar en una farmacia y tomarme la tensión.
La farmaceútica me miró con cara de circunstancia: ¡Ésto está muy alto teniendo en cuenta tu edad! ¡16 la alta y 9'3 la baja! Pásate durante unos días para controlártela, y sino te baja, acudes a tu médico de cabecera.
¡Ay y ay, con lo hipocondríaca que soy, con lo susceptible, con lo que me sugestiono por todo!
Ahí no quedó la cosa. Acto seguido fuí a otra farmacia, y a otra, y así durante dos o tres días. Y nada la diástole seguía en 9. Hasta hoy, por fin me ha bajado, para ello ayer me metí en el cuerpo dos horas de Body Balance, mezcla de tai-chi, yoga, stretching, pilates y relajación.
He comido verdura, arroz, ajo, perejil, todo ello sin sal, por supuesto y he escrito, supongo que mi necesidad de desembuchar es más fuerte de lo que a priori pensaba.
"La expresión latina "a priori" designa al tipo de conocimiento que es independiente de toda experiencia".
Esta frase la he puesto para pensar un rato, mientras decido si ir de nuevo a Body Balance o a Body Combat.
Después de todo el sustillo me ha venido bien, ahora no dejaré pasar semanas y semanas sin acudir al gimnasio, pues no sabe la tensión con la hipocondríaca que se ha topado. No lo sabe bien. Si ella supiera...
Capitana Beatrice
miércoles, 20 de enero de 2010
¿Dónde están las llaves?
Como iba contando en la anterior entrada, en la actualidad vivo entre dos pisos, por lo tanto tengo que tener todo duplicado, cepillo de dientes, tónicos, cremas antiarrugas, folios, ordenador, flexo, azucar, aceite, ollas, sartenes, en fin, doble ajuar. Teniendo en cuenta que en la casa de mi padre también tengo muchos objetos personales, ahora me parece estar convirtiéndome en un ser tripartito.
Lejos de ser algo rutinario, me parece un tanto estresante, será porque estoy al principio y debo adecuarme a nueva cama, cocina, enseres... necesito hacer mío todo aquello que me circunda para estar relajada y ésto requiere un tiempo.
Es como con el tema de las llaves. Mi llavero pesa más que el perchero de una entrada de discoteca de moda. Tengo un manojo de llaves tal que paso un par de minutos frente a la entrada de marras dilucidando cuál es la correspondiente a cada puerta.
Llaves de garaje, de puerta principal, de azotea, de buzón, de terraza comunitaria, de trastero. Oigan, hay que estudiar y todo para conocerlas en profundidad.
A todo ésto hay que añadir, que las principales de sendos pisos son idénticas. Sí. Cómo lo oyen. Igualitas. Ando estos días intentando aprenderlas, ya sé que podría ponerlas en un llavero diferente, pero conociéndome como me conozco, las confundiría, y me vería a altas horas llamando al timbre, molestando, diciendo aquello de: "¿Dónde están las llaves, matarilerilerile...??"
Y os aseguro que no estarán en el fondo del mar, estarán en cualquier mochila, bolso, monedero, bolsillo, cajón, de cualquiera de los pisos frecuentados por mi.
Esta reflexión de bolsillo -hablando del tema- la hago para comprobar cuantos trastos, objetos, accesorios necesitamos para el día a día, la mayoría innecesarios. Pero ¿quién es la guapa en soportarse sin crema hidratante, pintalabios, espuma moldeadora, mascarilla capilar y secador?
La culpa de todo la tiene el que nos sacó del paraíso allá por un siglo que no recuerdo.
¡Quién fuera Adán y Eva en sus años mozos!
¡Quién!!
miércoles, 13 de enero de 2010
¿Qué quieres de tapa?
Eso no significa que haya dejado el Home Sweet Home, ahora tengo piso en la Vega, piso en el campo, piso en la playa, y piso en la ciudad. Ya sólo me falta uno en la Sierra y otro en la Luna, aunque me temo que el único de mi pertenencia es éste último.
Medidos los pros y contras de semejante hazaña realizada por ésta que suscribe, decidí que era la mejor opción para afrontar la dichosa agorafobia de la que soy impresa. Y digo impresa, porque alguien me la editó tiempo ha. Y no diré más, ya que como me conozco, al final daré la dire de este blog y acabará enterándose el autor de mis fobias.
Desestimado por el momento lo de coger el coche, el autobús se alarga como un cienpies empecinado en enroscarse más sobre sí, obviando que el tiempo lo conducen los minutos y que éstos no son ajenos a los segundos, y a su vez las calles acampan a sus anchas cada vez más laberínticas y segmentarias de tal modo, que como si se tratase de un caracol, el autobús transita sobre sus propias ruedas las mismas calles varias veces y sin dejar huella, además.
Dadas así las cosas, me he visto en la obligación de vivir en la ciudad -por aquello de no pasar el día girando sobre mi misma en un autobús que se retranquea porque le sale de sus llantas y del mismísimo carburador- y alquilar una habitación en un piso de estudiantes.
El tema pinta bien después de todo.
Os seguiré contando.
¡Hasta otra!
Capitana Beatrice
Hubo un tiempo que...
Hola a todos en el caso de que alguien me lea, claro.
Escribir sin saber si alguien te leerá, me da una especie de alas, de cosquilleos aleteados en el diafragma que he de reconocer me encanta. Me siento más libre, más relajada, y toda presión blogosocial se ausenta por las esquinas de este receptáculo llamado ordenador.
Frente a la pantalla, soltando adrenalina a golpe de tecla, me descubro como alguien inquieta, a quién le cuesta pasar a la acción debido al gran batiburrillo que se alza entre mis neuronas pretendiendo hacer la tortilla sin previa batida del huevo.
Y éso no puede ser. Hay que ser ordenada, metódica, coherente, blablabla... gilipolleces.
Creo en el instinto creativo, como punto de inflexión, en el arrojo, en el impulso sostenido en la idea preconcebida -eso siempre- y, hasta ahora me han dado resultado esas agujetas que se calzan encima del ombligo cuando el afán creativo se apodera de mí.
Pues eso, como iba diciendo y como nadie me lee -cuando quiero ser leída posteo en otros blogs más conocidos- la inquietud es un arma de doble filo. Por una parte consigue que los latidos del corazón se conviertan en acordes melodiosos cuando una idea entusiasma y por otra dispersa la atención en tantos sentidos como agujas de reloj decimonónico estropeado por el cuco atrofiado y que no cesa de asomarse a la palestra dando tanto por saco como por cu**, por cucu, por cucuuu.
Siguiendo con la segunda idea -o tal vez es la principal, qué más da- me gusta no ser leída en ocasiones. Sé que es una tremenda incoherencia ejecutar esa afirmación y escribirla en un blog. Me consta, pero aún no he acabado lo que quería expresar.
Me gusta no saber si alguien me leerá, sobre todo que no habrá ningún tipo de compromiso blogoriano si lo hacen, y me gusta echar un pulso a mi capacidad de emprender de nuevo desde cero nuevas travesías.
¿Quién llegará esta vez?
¿Alguien me dejará un comentario porque sí, sin más, porque tope con esta bitácora y algo llame su atención?
¿Volvería a escribir con plena libertad?
En ocasiones hay personas que relegan el papel protagonista de sus propias vidas para elevarse como unos meros espectadores de la vida ajena, supongo que en un acto inconsciente de trasvase emocional demasiado duro y complejo para ser admitido en primera persona. Pero nosotros no somos títeres de feria -nosotros los que decidimos contar las cosas tal y como discurren en nuestra vida o en nuestra imaginación- nosotros escribimos cualquier cosa que se nos ocurre, y ese día el estado de ánimo puede afectar tanto al receptor como al emisor, y nada más. Punto y pelota. En cualquier caso: ¡Sálvese el que pueda!
En líneas generales, no puedo quejarme, mi trayectoria por blogueland ha sido satisfactoria, positiva, sana, productiva, edificante. Pero siempre hay un pero, y ése me frena, y no me hace ni puta gracia. En fin, todos habremos cometido errores parecidos en algún momento.
Ya está. No toco más el asunto.
¡Hasta otra!
Capitana Beatrice
viernes, 11 de diciembre de 2009
If...

Imagen by etheralwinter
Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti,
pero al mismo tiempo eres comprensivo con sus dudas;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no tratas de engañar,
o siendo odiado no das lugar al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduría...
Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas...
Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
excepto la voluntad que les dice: «¡Continuad!».
Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más,
¡ Serás un hombre, hijo mío!
Rudyard Kipling
Typography: IF by Rudyard Kipling from George O Horne on Vimeo.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Hay que ver toda la luz: ¡Toda!

Si total, que te cuesta, en vez de ser pesimista, negativo, ver la botella medio vacia,
¿por qué no le das la vuelta a todo?
Empieza por creer que eres capaz de conseguir ser optimista.
El resto vendrá por añadidura.
Una persona optimista siempre piensa que todo lo que le ocurre forma parte de su aprendizaje,
lo convierte en experiencia y lo transforma en oportunidades para crecer.
¿A qué estás esperando?
Toda emoción comienza en el pensamiento. Cambia éste y automáticamente variará la emoción.
¿No me crees?
Prueba
Dale al play
Capitana Beatrice
Frutas Voladoras

es sencillo, pero llevarlas a la práctica no lo es.
Os aviso para que no os ocurra como al buen hombre que,
a los pocos días de gastarse sus ahorros
en comprar un piano,
se quejaba descorazonado:
"¡Eso de tocar el piano no funciona,
yo lo he tocado con mis manos
muchas veces y no suena a nada!!"
Compruébalo y te sorprenderás;
las pequeñas derrotas derivan en una gran victoria.
Capitana Beatrice
jueves, 12 de noviembre de 2009
martes, 5 de agosto de 2008
La travesía de Pentesilea
Pentesilea es uno de mis personajes femeninos favoritos:
“¡Es usted la perfecta Pentesilea!”, cuenta Leni Riefenstahl en sus Memorias que le dijo Max Reinhardt en 1925. Halagada e intrigada, leyó la obra de Kleist y decidió que tenía que hacer una película y representar ella misma a Pentesilea. Cuando todo estaba preparado para empezar estalló la Segunda Guerra Mundial. Otra guerra. Esta vez no homérica. El proyecto se trunca, pero han quedado algunos textos donde Riefenstahl explicita cuáles eran sus intenciones al rodar la película. Los motivos tienen una fuerte carácter identitario: “En Pentesilea encontré mi propia individualidad como en ningún otro carácter” . Lo que le atrae de Pentesilea es que “veo a Pentesilea supradimensional: es diosa y hombre a la vez“. Y, “va de un extremo a otro” .
“Pentesilea es la reina de las amazonas. Está comprometida en una lucha sin cuartel con los héroes griegos mandados por Aquiles. Pero aquí, al igual que en la Jerusalén Libertada, este conflicto esconde otro conflicto todavía más acerbo y más aciago: Aquiles y Pentesilea están irremediablemente enamorados.
Pentesilea sabe que en combate abierto será vencida por Aquiles. Sabe también que puede vencerlo en virtud de su poder de seducción.
Aquiles consigue al fin vencer a las amazonas. Pero se apresta a declarar que en realidad es él el vencido, ya que conducirá a la reina a su palacio y la tomará por esposa. Ignora al parecer el drama interior que se juega en el corazón de la reina, que le ama tiernamente, pero que no quiere vencerlo a través de las armas sino a través del corazón.
Por esta razón no acepta la invitación de Aquiles.
Llega el momento álgido del drama. Pentesilea no sabe qué hacer, no sabe si hacer, no logra determinarse, no consigue decidirse. Su razón bascula en los pros y contras, su razón parece enclavarse en el interrogante, al tiempo que una fuerza instintiva y soterrada comienza a apoderarse de ella en el instante en que esa razón comienza a estallar. Pentesilea se halla de pronto sumida en el estado sonambúlico, se dirige a caballo a toda velocidad hacia el campamento de Aquiles, llega hasta su presencia, tiende su arco, dispara una flecha y atraviesa el cuello del héroe. Entonces, presa de la desmesura, cual una ménade, se abalanza sobre el cuerpo muerto, lo despedaza y lo devora.
Pentesilea despierta sin saber qué ha sucedido. Pregunta donde está Aquiles. Su amiga le comunica su muerte y le insinúa el acto del que ha sido responsable inconsciente. Pentesilea pone entonces fin a su propia vida”.
***********
el tributo que todo ser humano ha de pagar en ocasiones
cuando se encuentra en esa encrucujada de vientos existenciales,
y no sabe qué hacer exactamente,
si ser fiel a sus principios,
obviando los dictados de su corazón,
o cumplir con su misión en la vida,
en la que cree que es su obligación.
A pesar de todo, Pentesilea es una Amazona
y renuncia al amor de su vida en aras de su deber,
aun habiendo dejado en el camino, razón
y parte de su corazón.
Es una metáfora de la vida.
Como en Los Puentes de Madison,
tenemos prioridades, y nuestras decisiones
cambiaran el rumbo definitivo de nuestra existencia,
y por ende de aquellos quienes nos rodean.
No somos más que reflejos continuos intentando encontrarnos en la mirada del otro.
Pentesilea, perderá su corazón en la lucha encarnizada
frente a Aquiles.
Perderá la razón en aras de lo más importante
para ella:
{El Sentido del Honor y Su Obligación como Guerrera y Reina de Las Amazonas}
(Seguiremos informando)
Capitana Beatrice
Manos a la Obra
Paula F. Eagle
"Mi vida no tiene propósito, ni dirección, ni finalidad, ni significado, y a pesar de todo soy feliz.
No lo puedo comprender.
¿Qué estaré haciendo bien?
Charles M. Schulz
Pintando bucles de teclas con letras
Pinta la vida a tu antojo
Echando el enlace en la red
Puedes si Piensas que Puedes
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